lunes, 26 de mayo de 2008

EN SOLO CINCO AÑOS


ANA MARTIN / CRÓNICA



A menos de un mes de poner punto y final al último curso de la carrera, el balance que se puede hacer es una recopilación de todas las vivencias de lo que ha sido la vida universitaria, tanto en su aspecto académico como humano.

Lo que comenzó siendo una inocente ilusión, ha acabado siendo una empinada cuesta. Aun así, la experiencia, aparte de positiva, ha sido enriquecedora en todos los aspectos, tanto en el didáctico, como en el personal. Estos años han moldeado nuestra persona hasta convertirnos en lo que ahora somos.

En el aspecto educativo, siendo objetivos, es donde menos evolución ha habido; mientras que los contenidos teóricos han sobrado por todos los lados, las clases prácticas han brillado por su ausencia. Se han echado de menos asignaturas en las que poner en práctica apuntes y apuntes dictados sin ningún control. Y sobre todo destacar la desgracia de tener unas instalaciones como las que tiene la universidad y apenas darlas uso.
Estos años de universidad, han tenido más sombras que luces, pero no se pueden dirigir las culpas hacia nadie en concreto. La URJC es una universidad novísima, que ha ido adquiriendo experiencia y mejorando errores con el paso de los años, como es el caso de tener un estadio de fútbol antes que una biblioteca.
Otro gran fallo de esta carrera es su dilatación excesiva; son cinco años de asignaturas que se solapan entre ellas y horarios excesivamente flexibles.


Pero no todo son inconvenientes, como he dicho, la experiencia ha sido enriquecedora. Estos cinco años nos han demostrado que la vida universitaria, si bien no es la mejor, seguro que es la más intensa.

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