martes, 13 de mayo de 2008

El infierno de Myanmar

Ignacio Rodrigo García - Reportaje

Hace ya más de diez días que el ciclón Nargis arrasó la antigua Birmania dejando a su paso un averno de muerte, hambre, caos y destrucción. La cifra de víctimas que ha revelado la Junta Militar del país asiático alcanza los 32.000 muertos y unos 30.000 desaparecidos, sin embargo, la ONU calcula que hay entre 63.000 y 102.000 muertos, 220.000 personas en paradero desconocido y casi dos millones sin hogar.
Esta catástrofe ha destapado la inhumanidad del régimen de Myanmar que impone un férreo control a las entradas de extranjeros que pretenden ejercer labores humanitarias, propiciando que la situación sea aun más desesperada. La ayuda llega con cuentagotas mientras centenares de aldeas permanecen aisladas y los supervivientes no tienen nada que llevarse a la boca.

La Junta Militar

La tiranía del gobierno militar que se mantiene en el poder desde 1988 mantiene su decisión de imponer trabas a cualquier elemento externo aunque se traten de remesas de asistencia cuyo objetivo es paliar en lo posible las necesidades de la población en las zonas más afectadas por la catástrofe. Durante años El régimen dictatorial ha hecho prisioneros a muchos opositores, la mayoría por delitos menores o incluso por emitir opiniones o cantar canciones opuestas al poder. Innumerables denuncias de torturas y sometimiento a esclavitud, han hecho al gobierno merecedor de una condena de parte de diferentes organizaciones dedicadas al tema de los Derechos Humanos como Amnistía Internacional y la propia Organización de Naciones Unidas.
Esta calamidad se ha producido a unos seis días de la llamada a las urnas de millones de birmanos, que tras las presiones del régimen se han visto obligados a asistir a votar en el referéndum para dotar al país de una Constitución, pese a la situación desastrosa que vive el país. “No hay duda de que la Junta ganará el referéndum por goleada. La manipulación y el fraude aprobarán la Constitución”, sostiene Aung Zaw, director de Irrawaddy, la principal publicación del exilio birmano en Tailandia.
El plebiscito se celebró en los dos tercios del país que no resultaron dañados por el ciclón. En el devastado tercio sur, en el que vive casi la mitad de los 53 millones de birmanos, se ha pospuesto hasta el 24 de mayo.

Se mueren de hambre
Miles de damnificados no tienen que llevarse a la boca y solo cuando las aguas retroceden en las aldeas que aun permaneces aisladas, se atreven a dirigirse a otros pueblos en busca de comida, refugio y auxilio. Los cadáveres yacen ahora en los manglares y barrizales en que se han convertido los arrozales, según cuentan los supervivientes.
Las soluciones pasan por el fin de ese control de hierro del gobierno birmano que poco a poco da luz verde a algunos dispositivos de emergencia como aviones norteamericanos. Son ya decenas de asociaciones las que han recibido cantidades considerables de ayuda humanitaria y que están a la espera de ser tenidas en cuenta por la dictadura y entrar a reabastecer a la población.

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